PEPA RUBIO BARDÓN

              AUSENCIA

Estoy triste es primavera y no estás
mis ojos de luto te buscan en la niebla
mientras el faro lanza estornudos de luz
espero descubrir tus pupilas profundas como el mar
sumergirme en ellas bucear bajo la espuma de sus olas
te sueño cabalgando sobre verdes praderas
salpicadas de flores que se enredan en tu pelo azabache
percibo tu intenso perfume de esencia violeta
como manto de lluvia que amanece sobre las madreselvas
deseo tu calor el roce de tus labios
el rumor de tus palabras y tus elocuentes silencios
busco espero sueño percibo deseo
daría la primavera por tenerte


             ENCUENTRO

Nuestras miradas se encontraron al fin
era de noche y se hizo la luz
el aire tibio olía a glicinias
sus racimos malva vistieron de alivio la aurora
las luciérnagas perezosas señalaban el camino
nuestras cálidas manos fueron una sola
cerramos los ojos para sentir el fuego entre los dedos
el tiempo se detuvo
el extremo silencio se quebró
con los sonoros latidos de nuestro corazón



Oviedo, 10 del 10 del 2010.
Pepa Rubio Bardón.

HOMENAJE A JEROEN ANTHONISZOON VAN AKEN (EL BOSCO)

Durante el verano hemos escrito sobre el cuadro del pintor "El Bosco" titulado "El jardín de las delicias", intercalando en los textos las palabras "caramanchón", "nebreda", "colaire", "sesquiáltero", "tendal" y "catetómetro".
Hemos recopilado 11 relatos a los que hay que añadir otro que, si bien no se ciñe al cuadro, ni a las palabras propuestas, sí tiene un gran interés por estar basado en un hecho real.
Deseamos que disfruten con estas lecturas.

LUIS PARREÑO GUTIÉRREZ

AL COLAIRE DEL TENDAL.


Acababa de dejar mi última lectura, un artículo sobre las posibilidades de vida inteligente en el universo. Su autor hacía una sencilla ecuación: tantos millones de galaxias, tantos miles de millones de estrellas, tantos planetas, tantas posibilidades de vida inteligente...

La distancia a recorrer entre ellos, medida en pársec (millones de años-luz) dejaba claro que de existir vida, no sería apenas posible que nos encontráramos en el Universo con seres semejantes a nosotros, etc.

Un poco confuso, meditando sobre la soledad estelar, me dirigí a la ventana de mi estudio y me encontré con una sorpresa alucinante. Alguien estaba dibujando en la pared del edificio de enfrente un grandioso mural con imprecisas figuras esbozadas, lleno de colorido, en fin, un perfecto caos ordenado que diría el filósofo de guardia.

*** *** ***

GUILLERMINA CASTAÑÓN

OTRO BASTA YA

Era medianoche, se disponía a retirarse a su habitación. Antes de subir las escaleras echó un vistazo para cerciorarse de que todo estaba en orden. Una vez en la parte alta de la casa, también como de costumbre, se percató de que salía luz por debajo de la puerta de las habitaciones de sus hijos…….pensó: ¡Que alegría!, están en casa.
El país estaba revuelto y cada vez había más enfrentamientos en la calle: los jóvenes y tambien los menos jóvenes no estaban de acuerdo con el rumbo que estaba llevando el país. Lo que más le preocupaba era cómo su marido se iba envenenando día a día hasta el extremo de poder enfermar por todas las cuestiones que se estaban viviendo y otras muchas que estaban por venir. Por eso y tantas otras cosas se sentía feliz cuando su familia estaba en casa.
Una vez en la habitación observó que su marido dormía placidamente, pero su tranquilidad duró poco, pues en ese momento se oyó un estruendoso ruido en toda la urbanización despertando de un sobresalto Andoni, su marido. Se levantó rápidamente y abrió la ventana: ¡Qué pasa!... gritó y pudo ver cómo unos individuos estaban forzando a un vecino y con la resistencia de éste estaban dando fuertes golpes en las puertas de la entrada a la urbanización con el coche. Bajó rápidamente y antes de abrir la puerta de la calle, dio media vuelta, entró en el despacho, abrió el cajón derecho de su escritorio y cogió la pistola.

Mª EVELIA SAN JUAN AGUADO

EL CUARTÓN

Todos los miembros de la familia lo llaman “el cuartón” –por su tamaño- y tienen relación con él. Es un camaranchón, sesquiáltero como toda la casa, un mundo singular, desligado en parte del resto y dotado de vida propia. El suelo es de tabla sin barnizar y las paredes enfoscadas de cemento. Atraviesan el techo unas robustas vigas de madera muy oscura, a gran altura. Recibe el sol de la mañana a través de una ventana baja que se abre al tejado del taller.

Allí conviven en armonía miles de objetos dispares que alguna vez acompañaron a los dueños en su diario afán y luego quedaron a la espera de una nueva oportunidad. Destaca desde la entrada la cama azul de barrotes de madera, construída hace más de sesenta años por el señor Nebreda, experto en la materia, destinada ahora a conservar los colchones de lana que hace más de veinte años fueron sustituídos por otros de espuma o de muelles. A la señora Nebreda le daba pena desprenderse de ellos, después de tantos años de abrirlos todos los veranos, extenderlos al sol, varear los vellones, remendar la tela o poner una nueva, coserlos y ponerles las cintas anudadas en lazada. Toda la vida “escomulléndolos” a diario al hacer las camas, le parecía imposible que pudieran ser mejores los modernos y por eso se había resistido a cambiarlos. Hacía mucho tiempo que esta cama ya no era usada por los chiquillos cuando llegaban las fiestas del pueblo. Los invitados comían y cenaban, pero ya no se quedaban a dormir como en otro tiempo.

JOSE CUETO

Homenaje a El jardín de las delicias del Bosco.


Comenzando por la nebreda que se extiende cual muro frente a mis ojos, compongo el verso creador, la primera palabra y la imagen del nubarrón de delicias que recorren mis neuronas inquietas e imaginativas. Aún veo por encima de tales hojarascas dos ojos extraños, oscuros y desviados.
Siento el chapoteo de varios necios en los charcos mientras mi hermana trata de decirme algo. Me agacho, pero apenas atiendo a lo que me dice. Aquella enorme cabeza de búho acaba de girar un sesquiáltero y tengo los nervios a flor de piel, me está dando la nuca como si de una señal de tráfico emocional se tratase.
-Ve y observa aquellas aves grandiosas y hermosas, hermano… Pero evita mirar a estos desnudos encapuchados cual medusa transparente, ¡quedarás ciego!
El contrato de fraternidad entre nosotros me obliga a hacer caso de mi imitadora de eremitas, filósofa sin rumbo y delicada hermana.
Vadeo por un pequeño colaire los preciosos enebros y aparezco ante un tendal de figuras colgadas concéntricas a un estanque; desfilando, montando, cogiendo y riendo animales abestializados y domésticos.

ANA DOMINGO MARTÍNEZ

≈ ABRE TU CORAZÓN ≈

La mecedora se balanceaba suavemente. Sentado en ella, Jerónimo acogía en sus manos una cámara fotográfica anticuada. Con esmero y pulcritud todos los días la examinaba. Siempre estaba a punto para hacer saltar su disparador y con un solo clic captar aquellas imágenes que le motivasen.

Se oyó el motor de un coche. Alzó la cabeza para divisar a través de la ventana. Jerónimo se levantó de la mecedora y ésta se quejó para después de un rato pausar. Como todos los veranos, venía el pequeño diablillo, su nieto Nicolás a pasar la temporada con él. Lo esperaba con mucha ilusión.

Abrió la puerta sin decir nada y sintió alrededor de su cintura unos bracitos. Eran momentos inolvidables para este anciano. Pasaron dentro de la casita, su hija Juana junto con su marido Imanol, Nicolás a toda pastilla y Jerónimo. Charlaron buen rato en el acogedor salón, mientras el chiquillo no paraba de corretear por todo el pasillo cuando de repente, llamándole la atención una puerta cerrada que había arriba del todo, al finalizar las escaleras, tropezó y cayó de narices contra el suelo, lloriqueando a moco tendido. Alarmados, fueron a ver lo que había pasado e intentaron calmarlo. Decidieron ir a merendar -y así olvidar el susto- lo que habían preparado en un gran cuenco a base de fresas, cerezas, frambuesas, madroños y melocotones. Ya entrada la noche fueron a acostarse, menos Nicolás y Jerónimo. El niño quería permanecer más rato con su abuelo y así tener la oportunidad de preguntar qué era aquella habitación de arriba, “la culpable de su caída”.